lunes, 10 de noviembre de 2014

El Cuidador descuidado

Ya llevo unos cuantos años escribiendo un librillo que se titulará: "El que cuida de la fábrica abandonada". 
Está basado casi todo él en mi experiencia como inquilino-usuario-encargado de mantenimiento de la Antigua Azucarera del Genil. No puedo reprimir este carácter medio exhibicionista que tengo, del que soy muy consciente y con el que casi disfruto, así que voy a colocaros aquí directamente retazos o fragmentos sueltos del "bicho", unos más amenos que otros, los cuales cambiaré cada poco según me dé, con el objetivo de que disfrutéis con su lectura y así comeros el coco para que os hagáis adictos a la misma y me compréis el libro cuando lo termine y lo publique de una maldita vez.
Estas pequeñas historias están insertas en la historia general del libraco de marras, y, como esto es gratis, voy a colocaros alguna que otra de vez en cuando, o de cuando en vez...

 22-8-2017            
                                                                               
                                                                               
                                                                            


                                                                              
                                                                                

                                                                           
                                                                              
                                                                                                                                                       
                               "EL QUE CUIDA DE LA FÁBRICA ABANDONADA"

Las situaciones, personajes, y lugares descritos en estos relatos son literariamente ficticios, aunque casi todo ello esté basado en hechos reales.
En ningún momento se aportan datos objetivos concretos de nadie, y todo parecido con la realidad es mera coincidencia.



                       ANTECEDENTES (Más penosos que penales)

Estimadas lectoras, amables lectores, niños y niñas mayorcitas, señoras, señores y señorones varios de algún simbólico y difuso Jurado Encargado de Evaluar a los escritorzuelos autodidactas:
He aquí el caótico e informal relato de un hombre que durante varios lustros estuvo unido, apasionada y perennemente, a un contenedor lleno de artísticas basuras.
Este librillo es la agridulce historieta de un eterno aprendiz de artesano reconvertido en cuidador de un antiguo “Ingenio Azucarero” o vieja fábrica de azúcar aún firme y enhiesta, donde, a fuerza de tiempo pasado entre sus muros, le crecieron oníricas raíces entre las manos y la conciencia.
Esta es la tragicómica historia de un auténtico “guardilla” (mote o término popular derivado de guarda o guardián con el que hace años luz los chiquillos de Granada denominaban a las personas encargadas de vigilar edificios en obras, naves industriales, o lugares similares). Esta también es una pequeña parte de la historia de esa vetusta fábrica, donde antaño se procesaba la remolacha para producir azúcar de manera industrial, y hogaño se mueven gran número de pintores, escultores, ceramistas, grupos de teatro, artistas en general, y muchos otros personajes más oscuros y grandes “artistazos” en lo suyo, procesando todos ellos otras cosas harto diferentes a tan humilde y dulce mata... Esta es, en definitiva, una particular memoria escrita de aquel lejano tiempo, feliz e infeliz a partes iguales, en el que viví en dicha fabrica; tiempo pleno de anécdotas enjundiosas que tratan de la perversa y dañina condición que ostentamos esos “trozos de caminante carne con ojos” que somos los seres humanos en demasiadas ocasiones, y tiempo que pasó cruel y rápidamente como si fuera un soplo dado por una especie de dios estúpido e implacable.
La antigua fábrica azucarera de mis amores, que a veces fue amarga como la hiel, comenzó su dulce y firme producción a principios del pasado siglo, en pleno auge industrial del ramo que había por aquel entonces en la zona. Es un buen ejemplar de las tantas que aún se ven por acá y por allá en Granada y sus alrededores, unas mejor conservadas que otras, y todas ellas vestigios de aquellos tiempos lejanos.
La nuestra no es precisamente de las principales ni más grandes, y siempre pasó algo “desapercibida” para las autoridades municipales dado su especial enclave, limítrofe administrativo entre localidades, y por tanto algo aislada de cualquier núcleo habitado. Está situada en el corazón de la vega, casi ribereña del río Genil, y cercana a varios puentes que lo vadean.
Cuando comencé mi apasionada relación con ella, la vieja azucarera se veía bastante ajada y modificada respecto a sus arquitectónicos diseño y planta originales, pues al cesar en su producción industrial se fragmentó su propiedad, quedando buena parte del lugar en un estado de semiabandono rampante, alcanzando algunos de sus principales edificios un deterioro y una ruina tan lamentables, que de ellos solo quedaba la fachada en pie cubriendo un desolador solar.
En aquel tiempo, Jesucristo les dijo muchas cosas sus apóstoles, y en mi azucarera querida se fueron mezclando algunos de esos abandonados solares, más o menos rehabilitados, con otros mejor cuidados (aunque al final fueron usados todos de manera harto dudosa, desvirtuando completamente la esencia original del recinto). En general, y salvo honrosas excepciones en algunas zonas concretas de la misma, esta antigua azucarera fue sometida tras el cese de su actividad a groseras e ilegales reformas por parte de ciertos tipejos brutos e incultos, los cuales, en su deformidad mental, sólo pensaban en el dinero y en sacar provecho como fuera de ella.
No obstante, dicha esta verdad, y antes de seguir adelante, os prevengo y aviso que “no” voy a ser yo aquí un estricto cronista del lugar ni nada parecido, puesto que me interesan más otros aspectos de la cuestión que no por menos históricamente metódicos dejan de ser reales, y que en cierto sentido son lúdicos a la vez que fúnebres...

CONTINUARÁS

Sí. Habéis leído bien. No es "Continuará" como se suele decir en estos casos. Digo que continuarás leyendo cuando me compres y/o descargues el libraco de marras. Aunque tranquis, porque la cosa va para largo. Lo quiero tan perfecto que nunca lo termino y siempre estoy "editándo-modificándo-perfeccionándolo". Aunque ya voy viendo el final de la cosa.
                                                                                                       
                                  

                                                                             

                                                         
                                                           
                                                                             
                                                                     
                                                                     
                                                                           
                                                                   

                                                                             

   
                                         FRAGMENTOS SUELTOS DEL LIBRO

    ...Que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá. Que si los famosos, potentes y artístico-adictivos montacargas de las naves, grandes plataformas que subían y bajaban coches de artistas desde y hasta las plantas de arriba, se estropeaban cada dos por tres, y, al no funcionar, el lío estaba servido con los inquilinos finos, pues estos estaban obsesionados con los pobres montacargas de marras y no paraban de utilizarlos-sodomizarlos espasmódicamente. Y es que se averiaban con frecuencia porque estaban siempre abiertos, a pelo, sin puertas, protecciones, límites, ni nada que los salvaguardara de las frecuentes humillaciones y absurdo maltrato que se les dispensaba por parte de usuarios-capullos que los utilizaban de forma caprichosa y espuria, haciéndolos trabajar porque sí, para nada, subiendo y bajando cualesquiera cosas continua e innecesariamente, como hacía un gran inquilino, otro brillante profesor de Bellas Artes con un hermoso lofst alquilado en segunda planta, que subía la bolsa de la compra, con sus yogures naturales y su pan integral con mucha fibra, en dicho montacargas de ¡tres y media toneladas de capacidad! enorme como ya digo, diseñado para mover grandes cargas, y por supuesto no digno de subir esas mierdas de mariquituso artista estúpido.
El gran profesor subía únicamente su bolsa de la compra en la mole-montacargas, tan sólo porque sí; tan sólo porque él (el niñaco-viejo gran artista) decía que: ¿por qué no iba él a subir lo que quisiera en el montacargas si él pagaba siempre su alquiler? ¿Eh?... Para eso pagaba él su mensualidad de alquiler religiosamente. ¡Qué maltrato ni que daño al montacargas ni qué coño! ¡Ea! Subía él lo que le salía de sus huevos en el montacargas porque para eso pagaba puntualmente su alquiler; se podía mear él en las paredes del pasillo y en el propio montacargas, borracho perdido, porque para eso pagaba él su alquiler. Hacia él esto o lo otro, caprichosamente, porque él pagaba su artístico alquiler. Había que mamársela al muy choto-artista porque pagaba su alquiler. Él pagaba su jodido alquiler y ya podía hacer lo que le saliera de su artística polla. Punto. Eso era lo que había… Hasta que al final, harto ya de sus abusos, y viendo que el muy creativo cabrón no atendía a razones, había que ponerse serio, liarse a voces con él, armarle un buen pollo, y cagarse en la puta que parió a todas las bellas artes, para que despertara de su sueño de cerdo creativo y aprendiera algo de ética personal… (Bueno, en realidad, eran voces muy artísticas y apasionadas, y nunca llegaba la sangre al cercano río).                                                                     
                                 
                                                                           
                                                                            
                                                                           
                                                                               
Rriinngg... Rriinngg... Rrrinngg...
¡Atención! ¡Llama Don Enano Dinero!... ¡Capitán mande firmes!...
¿Si dígame? ¿Don Enano? ¡Sí hola, buenos días!... ¡Buenos días Don Tío Gilito! ¡Buenos días Don Dueño de rica cuna, pero de enfermas próstata y cama! ¡Buenos días Don Amo de la fábrica! ¡Qué alegría oír su adinerada voz! ¡Cuánto tiempo sin llamar! ¿Qué tal están usted y ese buen cazo a llenar de billetes que pasa cada mes al inquilinato vía cuenta corriente? ¿Ein? ¿Cómo están esas mismas, sus famosísimas cuentas corrientes tan incorrientes de lo puro inflado-fláccidas que suelen estar? ¿Y esos abundantes fajillos de hermosos billetes de cincuenta y cien euros apilados en sus propiedades propiamente suyas de usted, como están? ¿Eh? ¿Y su prostatitis crónica como va? ¿La lleva más o menos?... Bueno hombre, bueno ¿Va todo bien en el resto de sus posesiones?... Bueno, bueno, bueno… Ya hacía varios días que no me llamaba usted, mi estimado Don sin don pero con demasiado din. ¡Ay ay, que me tiene usted abandonado!
Ya era hora de que dedicara usted algunos minutos a estos, sus negocios inmobiliarios granadinos, y a este, su criado, con los años eterno guardilla del lugar.
¿Qué? ¿Qué me dice? ¿Que está usted preocupado porque tenemos dos locales sin alquilar de los más de cien que hay?... ¡Uy sí! mi estimado Don dinero, realmente es para preocuparse. Esto puede ser una segura y trágica debacle para su psiquis deformemente avariciosa. ¡Digo! ¡Por dios! ¡Dos locales sin alquilar de un total de ciento y muchos! ¡Qué escándalo! ¡Esto es intolerable!... Mire, si le parece a usted, para remediar esta peligrosa situación económica que parecen vivir sus queridas arcas, le alquilo y meto rápidamente en esos espacios vacíos a dos o tres de esos típicos depredadores de locales que conocemos bien usted y yo. Sí. Ya sabe: algunos de esos que llaman a diario en busca de almacén… Sí hombre, inquilinos de esos de los que ya nos consta tristemente “de qué van” por experiencia.
Si usted ve que tal, y le entra mucha prisa por cobrar un dinero tan importantísimo, le coloco en esos locales vacios ya, de inmediato, alguno de esos típicos pequeños empresarios desesperados que usted y yo sabemos; o bien le alquilo un buen par de “almacenes” de productos químicos, tal y como hacía su amigo, el viejo hijo de la gran puta encargado anterior, y que luego, después de que paguen la fianza y apenas un par de meses de alquiler, dejen de hacerlo radicalmente y se tire usted cerca de dos años intentando echarlos, y cuando ello ocurra, y el Juzgado autorice el desahucio y la consiguiente entrada en el local sin haber cobrado ni un euro de los alquileres atrasados, por fin lo retome usted absolutamente destrozado, con las instalaciones de luz y agua arrancadas, lleno de mierda hasta arriba, y lo haga usted con esa cara de gilipollas obtuso que se le pone cuando se da cuenta de que ha metido la pata hasta el muslo una vez más. ¿Ok?... 
¿Qué? ¿Qué me dice?... ¿Que se han devuelto dos recibos impagados este mes? ¿Cómo? ¿Qué cuando lo ha detectado del puro berrinche le ha dado un ataque de prostatitis aguda?... ¡Qué horror! ¡Como está el patio! lleno de insolventes sinvergüenzas que no lo aman nada, ni a usted ni a su próstata, y le devuelven el recibo. ¡Por dios y la virgen su mamá! ¡Esto hay que solucionarlo, desde luego!... Sí, sí, mi amo. En cuanto cuelgue usted dejo de hacer lo que esté haciendo y voy corriendo, echando hostias, a visitar a estos sinvergüenzas morosos recalcitrantes, y decirles lo malísimos que son y que, por supuesto, si no pagan inmediatamente, les quedan dos telediarios aquí. ¡Señor! ¡Sí Señor! ¡Es usted tan bueno!...
¿Cómo? ¿Que cuando viene usted por aquí algún fin de mes le jode sobremanera ver lo feliz que soy?... Bueno, hombre no sea usted así… ¿Qué? ¿Cómo? ¿Que le molesta mucho ver lo bien que luzco a pesar de los años que tengo?... ¡Vaya hombre! Pues lo siento Don Dinero, pero esto es lo que hay.
Ya debe usted intuir con bastante certeza que me suelo rascar las pelotas bien a gusto de manera cotidiana en estas, sus posesiones del sur surrealista. Y de ahí -de mi actual no trabajar en absoluto- nace mi buen tono de piel, esta agilidad física y mental de la que hago gala, y la sonrisilla de mis ojos azules claros y diáfanos, que brillan como el ascua de un electrodo soldando al sol del mediodía. Sí, mi amado amo. Sepa usted que de mi escaso currelar nace también mi paz interior, así como el mantenimiento comedido de mi barriguita, que afortunadamente no va a más en su sospechoso volumen, amén de todos esos detalles gratos para mí que usted intuye y tanto le joden (y todo ello a pesar de mi larga edad y de tanto trabajado-sufrido en la vida) ¿Cómo? ¿Qué cómo van esos trabajos que tenemos pendientes de hacerse en “B”?... Bueno, mi amito, pues ahí están. Van saliendo, sin prisa, pero sin pausa… Al hilo de esto, ocurre que yo me alegro mucho de que usted, en su ignorancia de lo que es verdaderamente el trabajo (cualquier trabajo) lo mismo valore excesivamente una mierda de faena hecha en un par de horas, que denigre estúpidamente un trabajazo de varias semanas. Me alegro de ello porque así (no sabiendo usted realmente el valor del trabajo hecho) yo puedo engañarlo a usted bien a gusto, a conciencia, y con todas las de la ley, sin un ápice de remordimiento ni nada parecido.
Falta de remordimiento o ausencia de culpabilidad que tengo al engañarlo, nacida entre otras cosas del ver durante años y años la cantidad de gilipolleces que ha hecho usted mandado y tomando decisiones absurdas en la fábrica.
Después de sufrir por sus “no decisiones” o por sus decisiones erróneas. Después de dar la cara aquí a diario en su ausencia y de pelear como un perro guardián para corregir las consecuencias de “sus” actos, no querrá usted que encima me vuelva loco trabajando como una bestia ¿verdad?...
Por cierto… ¿Qué pasa con el local social?... Podríamos poner alguna cosa bonita y rentable a medio, o incluso corto plazo, en uno de esos dos locales vacíos… ¿Cómo? ¿Qué me deje de local social?... Ya… Si, como siempre… ¿Que vaya corriendo a ver a los inquilinos que han devuelto el recibo? Vale, vale, no se ponga así… Y por favor, si este mes tampoco viene usted por aquí, déjese de hinchar las pelotas con sus cínicas quejas de rico, obtusa y podridamente aburrido, y haga el favor de enviarme más dinero a la menor brevedad posible. Gracias. ¡Clac!                                                                         
                                                                             
                                                                                                                                                           
                                                                                                                                                             
                                                                                                      
Yo soy el cuidador de la fábrica olvidada; el que se entiende con los perros sin dueño y con los grandes gatos salvajes del río, el que se bebe la luz de las soleadas arboledas, el amante de todas las flores vivas o marchitas. Soy el encargado medio loco de este maltratado Ingenio Azucarero de alta y fálica chimenea donde el tiempo me zarandeó como quiso. Creo ser este inquieto personajillo paranoico-esquizoide, triste oidor desesperado de machacones ruidos nocturnos en mi cabeza, y alegre oyente de estrellas pájaros y árboles cuyas hojas me arrullan en las benignas tardes de siesta veguera. Ejerzo de encargado demasiado cargado de estos sólidos edificios de sabor oriental coronados con extensos tejados destrozados por demasiados sitios, bajo los cuales, coros de potentes goteras entonan un acuático delirio, triste y permanente, cuando llora el cielo solidario con tanta amargura. Soy el más amante descuidado cuidador de aquellas obras eternamente inacabadas, abandonadas, llenas de montones de arena endurecida a fuerza de pasar demasiado tiempo inmóvil. Esas mini montañas de arena para obra nunca hecha en las que solía atisbar realistas miniaturas de tortuosos senderos y tajos con sus cuevas y sus barrancos preciosos. Aquellos sucios promontorios formados con el muy escaso trabajar de hormigoneras palustres y llanas; las montañas de arena y tiempo muerto veteadas de mohoso verde oscuro, que fueron lo primero que vi cuando llegué a la fábrica, y que se quedaron durante años ahí, duras y secas, consolidadas, casi mimetizadas con el entorno, como un reflejo más del obsceno deterioro del lugar.
Este redicho y locuaz “muchacho” de cincuenta y muchos mil años soy yo, siempre caminante junto a una especie de apéndice o rodante contenedor de artísticas basuras y esta patética barriguita cervecera contenedora de mi querido feto-hígado siempre a punto de ser parido; esta barriga indecorosa de la que hago triste gala; este blando saco de grasa y frustración paseado en tropecientas mil noches ansiosas de tantos claroscuros bares y de tanta marchosa marcha lenta a la vez que vertiginosa.
El guardián onírico, dormido en un lúcido sueño eterno del que desperté de golpe y porrazo a la realidad, como un niño viejo e iluso al que le quitaron la ilusión.
El cuidador estrellado de la antigua azucarera del río recuperada para su uso por los artistas plásticos y para su abuso por parte de otros personajes que, sin ser estrictamente artistas, sí que son en lo suyo, con un insultante descaro, unos grandes artistazos dañinos y plasticosos de los cuales ahora sabremos.
El guardilla de la vetusta fábrica medio abandonada. Yo mismo. El que guarda escondidas en su corazón a las inquietas y juguetonas ardillas extinguidas hace siglos de estos antaño multiarbóreos bosques, que hogaño son las cada vez más escasas concentraciones de altas alamedas ribereñas del rio Genil, enormes y harto saciadas, sembradas con luz y abonadas con históricos huesos.
El guardián-guardilla de alegre colilla (que no fuma) siempre atento y ojo avizor (a veces incluso ojo del culo avizor) por si las moscas fuera o fuese que ocurriera u ocurriese algo malo o anómalo en los seniles edificios (y bien que ocurrían a diario un algo o dos más bien chungos y de color marrón).                                                                
                                                                                                                          

...Luego deviene la tarde, calurosa y sedante, y tumbado en el catre de esta matriz-casa mía, acompañado de la canción de hoy, me zambullo en el sopor de la siesta rodeado por un melancólico caos humano y amable de objetos raros que he ido depositando durante años y años sobre los desportillados muebles que tengo, muy usados, pero prácticos y bellos en su hechura, algunos magnifica y noblemente manufacturados con africanas y hermosas maderas negras que me invitan subrepticiamente al reposo y la ensoñación… Me voy quedando medio roque en esta siesta de luces oscuras y soles verdes, cercado por todas estas cosas que he rescatado del gran contenedor en tantos desalojos de locales durante tantos años de fábrica abandonada. Me voy quedando traspuesto, rodeado de astilladas estanterías rococó atiborradas de objetos curiosos; herramientas raras que apenas sirven para nada, pero que para mí son dignas y con gracia; ventiladores tropicales que no funcionan; angelotes de porcelana de estilo barroco-churrigueresco; bonitas botellas de geométricos cristales de colores con formas panzudas, orientales y maternales; primitivos juguetes medio rotos, preciosos en su vieja simpleza; decenas de perchas variadas y especiales que colecciono surrealistamente para colgarme a mí mismo; cajas llenas de libros y más libros, muchísimos libros; cientos de libros que están muy usados; algunos medio destrozados y otros casi nuevos, seleccionados en base a intereses universales y nada coñazos (aunque con los libros me ocurre que suelo guardarlos todos, hasta los que me parecen más pesados); me rodean también montones de antiquísimos discos de vinilo, cajas llenas de entrañables cassettes; montañas apiladas de revistas del siglo pasado; más montones de tebeos antediluvianos, y, sobre todo, destacando ante mi vista, mis muñecas; muchas muñecas. Armarios llenos de lindas muñecas que fueron despreciadas y abandonadas. ¡Mi preciosa colección de muñequitas tiradas a la basura!... Sí; lo confieso: tengo un buen mogollón de esas antiguas muñecas arrojadas a los contenedores, con sus mofletes satinados, sus largas e inverosímiles pestañas, y sus párpados que se abren y se cierran de forma casi humana. Esas preciosas muñequitas que me recuerdan a vosotras, las alegres estudiantes jovencitas, las niñitas precoces de pechos recién florecidos y esos bellos intentos de ser artistas. ¡Ah! ¡Muñequitas! Si. Claro que sí. Muchas muñequitas guapas con sus cortitas falditas a cuadros que dejan al viejo guardilla que vea sus braguitas asomando algo sucias por sus muslos frescos y jóvenes… ¡Oh dios! ¡Esas chiquitas preciosas!... ¡Ooh sí! ¡Cómo me gustan! ¡Ahí! ¡Dale guardián! ¡Dale con ritmo a la cosa! ¡Ahí! ¡Zumba! ¡Zumba! ¡Zumba! ¡Zumba! ¡¡Oohh dios míooo!! ¡¡chicaaa!! ¡¡Zumba!! ¡¡Zumba!! ¡¡Zumbaaa!! y ¡¡máas zumbaaaaahh!!.. ¡¡Aaaaaammmhhh!!...
Y así, satisfecho y relajado, a gusto conmigo mismo, me voy quedando adormilado habiendo emitido al cálido aire de esta tarde veguera mi humilde semilla vencedora de la muerte; me voy quedando roque con un dulce y primario cansancio tras haber eyaculado un deseo potente y nada hipócrita. Me voy quedando traspuesto tras integrar mi semen sobre esta penosa barriga cervecera, como queriendo fecundarme a mí mismo, como si fuera un endogámico caballito de mar trotando por oníricos arrecifes. Así me voy quedando profundamente dormido, mientras oigo de vez en cuando los grititos de varios cachorros recién paridos durante la madrugada por mi querida y fiel perra loba-hermana-madre-guardiana en la linda terraza sureña tan luminosamente luna-soleada de esta casita campera…
Y luego, al final de todo, siempre llega la noche, como un abrazo negro y profundo que nos retrotrae al infinito... ¡La Noche! ¡Ah la noche! Cuando llega la noche aquí, a mi bohío, atestado de tantos olvidos que solo recuerdo yo al mirarlos intensa y absortamente; cuando llega la noche a estos fosforescentes campos intemporales y desciende la gran manta de estrellas sobre mi choza llena de anárquicas antologías a todos los amores muertos; cuando llega por fin la gran madre obscura y ancestral a mi nido sureño, suelo yo declamar en mi interior paganas plegarias para todos los dioses crueles y sordos que habitan todos los cosmos. Cuando llega la noche a mi alma de árbol viejo, deliro ostensiblemente mientras surco el tiempo, navegando al pairo por infinitos mares electrónicos, buscando y buscando ahíto sin saber bien qué busco; buscando por instinto una señal en medio de la nada. Navego, perdido el norte, en el inmenso océano de mis deseos, añorando un puerto eternamente soleado pleno de cálidas naves amigas. Navego, casi desarbolado, en una búsqueda a ciegas de algún luminoso faro que me alumbre y guíe por lo oscuro y me procure alguna salvación… Después, cansado ya de buscar y navegar sin rumbo, me quedo aquí varado como un naufrago de secano, aislado, fondeado en esta cala de mi alma tranquila llena de objetos amados que luego fueron despreciados. Me quedo aquí como siempre, sólo con las estrellas, manteniendo echada el ancla en el fondo de mi ser. Me quedo aquí, manteniendo el ancla de mi voluntad sólidamente fondeada en lo hondo de todas estas cosas raras que fueron de alguien y las olvidó para siempre. Mantengo aquí, eternamente echada, el ancla de mis sueños, llena de herrumbre y recuerdos ajenos. Mantengo quieta y en paz el ancla de mi existencia invadida toda entera por bellos corales de colores… Unas preciosas y juguetonas sirenas me visitan cada noche en mitad de mis delirios. Me han pedido dulcemente que me quede. ¿Dónde iría yo ahora, si no? Tengo de todo, y además, para mantener vivos todos estos sueños usados, ellas, las sirenas de la noche, me surten cuando duermo de canciones gustosamente añorantes del amor verdadero. Cada día, al despertar, me viene a la cabeza una canción nueva, así como por casualidad (aunque nada es casual por mucho que lo parezca).
Yo soy el fiel guardián de los sueños abandonados, y aquí me quedaré para siempre, toda la vida, hasta que al final me lleven consigo los otros sueños. Aquí me quedaré hasta el final. Hasta que me lleven en volandas los sueños del aire. ¿Dónde iría, si no, yo ahora?... Soy el celoso guardador de sueños usados y tirados a la basura, y deambulo a mi albur cada día, feliz o infeliz, entre mi corazón y las horas gastadas en nada. Todo tiempo se me escurre entre los dedos como la arena entre las manos de un niño que estuviera en la playa por vez primera. Todo tiempo que pasa es añadido al contenedor de recuerdos olvidados que tengo en la frente... Cada día deambulo por esta fábrica vieja, caminando entre la luz del sol y la artística basura acumulada en su gran contenedor. ¿Dónde iría, si no, yo ahora?...                                                                              
                                                                       
                                            
    
      
                                                                      

Todas las fotos del blog son personales, tomadas por mí mismo, salvo la del guajiro desdentado, la de mi querida prima-hermanita Alicia-sirena, que me ha dado permiso para colgarla (orgulloso que estoy de ello) y las de dos o tres de locales en ruinas de la Azucarera de San Isidro, que he visto en Internet, y me he permitido colgarlas por afinidad temática y estética (espero no se mosqueen los autores). 
No tengo problemas en compartirlas, aunque espero que en caso de manipulación de las mismas se tenga la suficiente ética personal para avisarme, comunicarme como se van a utilizar y pedir un permiso para ello que a priori ya tienen... Gracias.
                                                                               
                                                               ........oooo00000oooo..........               


NOTA: Como ya he dicho más o menos arriba, todos los personajes que salen en estas historias son puta (perdón, quiero decir "pura") ficción, y cualquier parecido con la realidad es una inocente coincidencia.

MÁS NOTAS: Que no se me mosquee nadie, porque quien se pica ajos come, y eso es lo que hay. No se van a dar datos concretos, pero si alguien, por alusiones, se da por ofendido, ese es su problema. Que no lea el libro y así no llorará amargamente.