domingo, 14 de marzo de 2010

Escritos CiberEsquizofrénicoChipspeantes



                                                                          
                                                                                  
                                                                                  
                                                                                  


Hablaré aquí de mis increibles y magnificos ciberescritoscosarara, los mismos que a buen seguro y sin que me quepa ná de ná por ningun bujero-duda, me haran famoso y merecedor de un buen nobel y de una mierda untada en pan en caso de que me lo crea demasiado...
Si amiguitos y amiguitas artistas preciosas, no me cabe la mayor, ni me cabe la menor cosa por ningún sitio angosto, de que nadie se aburrirá leyendo estos escritos (algunos de los cuales me han salido de los escrotos). 
Yo solo me he sacao de la manga ¡ale hop! un librillo -el primero de mi life- con un montón de relatitos cortos, de los que, al menos, no se hace pesada su lectura (que esto ya es algo)... Y es que a nadie le huelen mal sus pedos ni le parecen sus hijos feos... ¡jaj!
Pero no. En serio, estoy seguro de que el que se agarre a leer este librillo se lo pasará bien un buen rato.
Aún no están publicados, pero no tardaré mucho en hacerlo. Solo unos cuanto amigos han leido la criatura en una versión algo más antigua que la actual.
Es verdad que ha sido una producción literaria un poco artificiosa-artificiera, y que incluso tiene aún fallos de composición y otros, pero ya los iré rectificando y mejorando, pues la vida en general y este librillo en particular siempre estará "editándose" o modificándose de alguna manera en el tiempo.
El libro está vivo. De hecho este conjunto de relatos breves podría llegar a doscientos si yo quisiera. Son textos cortos que han sido todos ellos paridos en la Red durante estos últimos años de ordenata y marcha vital.
 
Os dejo aquí un anticipo de los relatos de marras  :


EN LA FERIA
(Crónicas Oníricas).

El niño, la perra, y yo, salimos a la calle. Es el verano por la noche de siempre, y queremos subirnos en una noria gigantesca que han puesto en la feria del pueblo. Sacamos nuestros billetes, y esperamos delicadamente los tres a que nos den permiso para subir...
Componemos una bella estampa, el niño, la perra (que es grande y negra como esta misma noche) y yo (que ando tristón porque me falta una compañera, y alegre, porque tengo tiempo para remediarlo).
Cuando al fin accedemos a nuestro módulo, y la enorme noria empieza a moverse, compruebo que los anclajes de seguridad son mínimos y estamos medio sueltos los tres en la gran plataforma… Para colmo el nene, cuando ya estamos bastante altos, sonriendo con esa sonrisa mellada de psicópata-infantil que tiene ahora en el sueño, comienza a bambolear el módulo inclinándose él mismo de allá para acá rítmicamente, en un juego inquietante y suicida...
A mí me entra vértigo, y le grito: ¡¡paaaraa yaaa hombree!!... pero él, por supuesto, no solo no me hace ni caso, sino que me reta, riéndose como loco, a que me levante de mi sitio para impedírselo (cosa de la que me abstengo, obviamente, si no quiero caer al vacío del maltrato infantil)...
La perra en cambio parece que está hermosamente callada ante tanta belleza nocturna, (cuanto más subimos, más fresco y oxigenante es el aire, y más brillantes y límpidos son los puntos luminosos que se ven a lo lejos, en los cerros, y que se van confundiendo poco a poco con las estrellas en el horizonte)... El animal, a pesar de estar suelto, está quieto, y parece una especie de magnifica diosa egipcia, con sus grandes orejas de punta y su pasmosa tranquilidad... hay un momento en el que al mirarla intensamente, ya no veo a la perra, sino a una preciosa muchacha norteafricana, de ojos negros y brillantes como el azabache, sentada en cuclillas, y levantando su pequeña nariz aguileña, con un gesto altivo y orgulloso, como queriendo oler todo el paisaje arrasador que tenemos ante nosotros en este vacío colosal de eterna noche de verano cósmica y nostálgica de todos los amores que ya murieron…
Entonces, el niño, que está por dar la tabarra, y continúa riéndose burlonamente, pretende directamente que nos suicidemos los tres, y mueve la plataforma con violencia, mientras grita: ¡Ten cojones papá!... ¡Ten cojones!... ¡No tienes cojones!...
Yo, incrédulo, bajo la cabeza, miro mi vientre, y no me encuentro los atributos viriles por ningún sitio. Donde deberían estar, hay un hueco redondo, negro y perfecto, a través del cual también veo algunas estrellas…



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AMIGA MÍA (Cartas escritas con el culo)


Querida Rataeliquia de la Biblioteca de la Parroquia:
¿Cómo estás? ¿Qué tal van las llagas del cilicio? ¿Mucha sangre por las ingles?... No te lo aprietes tanto hija mía, que los vicios no son buenos en “excesexso”.
Bueno, verás, quisiera decirte otra vez algo muy concreto, aunque ya te lo he dicho por activa y por pasiva en esas extrañas y largas cartas que nos enviamos tú y yo de forma masoquista y cansina. Quisiera reiterarte y dejarte bien claro que mi premisa fundamental e inexcusable para escribir, es esta, a saber: No aburrir ni mentir demasiado a ninguno de esos hipotéticos lectores y lectoras, los mismos que, desde que comencé estos relatos, sois la auténtica “Joya-Polla de mi corona” magnifica y a contemplar; sois, sobre todo vosotras, las lectoras, las“Niñas jovencitas con tetitas, de mis ojos” a las que no puedo defraudar... Ya lo dijo no sé quien: “Mueven más dos tetas, que dos carretillas elevadoras”... y creo que, al hilo de lo mismo, también algún otro romántico del pasado siglo dijo aquello de: “Cuando las ganas de follar aprietan, ni el culo de los muertos se respeta”.
Ratita, amiga, has de saber que mi más entusiasta deseo escribiendo, es que la lectura del relato de mis excesos te conduzca impepinablemente a pajearte la pepitilla con fruición, así, de manera apasionada... hasta conseguir que -ya histérica perdida- te quites esos ropones y el cilicio, salgas de una puta vez a la calle, reprimas tus complejos de vieja católica insatisfecha sexual y vitalmente, y consigas que te enculen por fin, en cualquier discreta esquina, dos o tres vagabundos borrachos sucios y bien cabrones... Solo así, sabiendo que gozas al fin, me sentiría plenamente satisfecho con mi obra.
Por respeto a ti y a tu alta sensibilidad tengo que escribir ameno y claro (aunque escogiendo textos no hay que hacer una total dejación de ciertos rollos más profundos e intragables dedicados a los mas masocas de los lectores/as). Y es que tan sólo esta pequeña verdad -este disfrute vuestro- tiene autentica importancia (sobre todo para ustedes-vosotros, que al fin y al cabo son los que se dan el currazo pesado y soporífero que siempre es leer ciertos coñazos infumables)…
Por supuesto, a quien más tendré en cuenta durante la redacción de mis relatos mas asquerosos y apasionados, será a ellas: las “niñas” mayorcitas de mis ojos con sus cortas falditas a cuadros... Ellas son el verdadero motor y origen de todas mis acciones más instintivamente positivas y erectas. ¡Oh si!... como dicen que dijo aquel otro listillo de ojos azules, barbita, túnica, y pelo largo: “dejad que las niñas se acerquen a mi” ¿o quizás eran los niños? no recuerdo bien. Disculpa mis lagunas en estos temas que tanto te gustan a ti.
En fin, considérate lamida de arriba abajo por este, tu escritorzuelo favorito... y ya te digo: sal de la biblioteca. Procura que te de el sol en la cara; y si también te da en el culo, será una señal inmejorable de tu resurgir como escritora.

Arturo siempre duro